Hace muchos años, cuando trabajaba como voluntario en un hospital de stanford, conocí a una niñita llamada Liz quien sufría de una extraña enfermedad. Su única oportunidad de recuperarse aparentemente era una transfusión de sangre de su hermano de 5 años, quien había sobrevivido milagrosamente a la misma
enfermedad y había desarrollado los anticuerpos necesarios para combatirla.
El doctor explicó la situación al hermano de la niña, y le preguntó si estaría dispuesto a dar su sangre a su hermana. Yo lo vi dudar por solo un momento antes de tomar un gran suspiro y decir: “Sí, lo haré, si eso salva a Liz.”
Mientras la transfusión continuaba, él estaba acostado en una cama al lado de la de su hermana, y sonriente mientras nosotros lo asistíamos a él y a su hermana, viendo retornar el color a las mejillas de la niña. entonces la cara del niño se puso pálida y su sonrisa desapareció. Miró al doctor y le preguntó con voz temblorosa: “¿A qué hora empezaré a morirme?.
Siendo solo un niño, no había comprendido al doctor; él pensaba que le daría toda su sangre a su hermana. y aun así se la daba.
18 Agosto 2008 a las 16:45
Conmovedora historia, y bueno de ahi que Jesús decía que debiamos renacer y volver a ser niños y asi poder acercarnos aun mas a él, tanto por la confianza que deposita un bebé en sus padres como por la pureza de los sentimientos aun hasta el autosacrificio sin esperar nada a cambio.
Gracias Marivi.
Estas me encantan.
Saludos a JJ.
19 Agosto 2008 a las 22:11
Gracias a ti de nuevo, Alf