Necesito un abrazo …

Cuando he abierto hoy el correo del Blog, me he encontrado con esta bonita historia que me ha enviado Mimi desde México. Y he querido compartirla con vosotros.  La he resumido un poco. Muchas gracias, Mimi 😀

Hace veinte años, yo manejaba un taxi en el turno de noche. Un día respondí a una llamada de una mujer de unos ochenta años. Cuando fui a recogerla a la puerta de su casa, se paró enfrente de mi. A su lado una pequeña maleta de nylon. El piso se veía como si nadie hubiera vivido ahí durante muchos años. Todos los muebles estaban cubiertos con sábanas, no había relojes en las paredes, ninguna baratija o utensilio.
En la esquina había una caja de cartón llena de fotos y una vajilla de cristal.

Cuando llegamos al taxi me dio una dirección, entonces preguntó:
– ¿Podría conducir a través del centro?
– Ese no es el camino corto,
le respondí rápidamente.
– Oh, no importa, dijo ella. No tengo prisa, estoy camino del asilo.
La miré por el espejo retrovisor, sus ojos estaban llorosos.
– No tengo familia – ella continuó – el doctor dice que no me queda mucho tiempo…
Tranquilamente apagué el taxímetro.
– ¿Qué ruta le gustaría que tomara?
le pregunté.
En las siguientes dos horas conduje a través de la ciudad. Ella me enseñó el edificio donde había trabajado como operadora de ascensores, el vecindario donde ella y su marido habían vivido cuando eran recién casados.
Me pidió que nos detuviéramos enfrente de un almacén de muebles donde una vez hubo un salón de baile, al que ella iba a bailar cuando era niña.
Algunas veces me pedía que pasara lentamente enfrente de un edificio en particular o una esquina y veía en la oscuridad, y no decía nada…

Con el primer rayo de sol, ella repentinamente dijo:
– Estoy cansada, vámonos ya.
Conduje en silencio hacia la dirección que me había dado.
Dos asistentes vinieron hacia el taxi tan pronto como pudieron. Eran muy amables, vigilando cada uno de sus movimientos. Debían haber estado esperándola. Abrí el maletero y dejé la pequeña maleta en la puerta. La mujer estaba lista para sentarse en una silla de ruedas.
– ¿Cuánto le debo?, Preguntó, buscando en su bolso.
– Nada, le dije.
– Tienes que vivir de algo, respondió.
– Habrá otros pasajeros, respondí.
Casi sin pensarlo, me agaché y la abracé. Ella me sostuvo con fuerza, y dijo:
– ¡¡Necesito un abrazo!!
Apreté su mano, entonces caminé hacia la luz de la mañana.
Detrás de mí una puerta se cerró, fue el sonido de una vida concluida.
No recogí a ningún pasajero en ese turno, conduje sin rumbo el resto del día. No podía hablar. ¿Qué habría pasado si a la mujer la hubiese recogido un conductor malhumorado o alguno que estuviera impaciente por terminar su turno?, ¿Qué habría pasado si no hubiera atendido la llamada?

Estamos condicionados a pensar que nuestras vidas están llenas de grandes momentos, pero, muchas veces, los grandes momentos son los que nos cogen desprevenidos.

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3 comentarios to “Necesito un abrazo …”

  1. Alf Says:

    Hermoso relato y la reflexión nos queda en la conciencia, las mas de las veces estamos esperando que Dios nos mande a sus angeles en nuestra ayuda, y hay veces que Dios nos pone las alitas y nos manda a que seamos nosotros quienes ayueemos, que bendición mas grande es esa, ojala y todos la sepamos aprovechar y hacer un trabajo tan bueno como el taxista del relato.
    Saludos Marivi.

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  2. Profra. Gloria Says:

    felicidades por tan bello relato.

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  3. Mariví Says:

    Gracias Gloria. Bienvenida a este sitio 😀

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